La displasia de cadera

¿Qué es la displasia de cadera?

La palabra “displasia” significa literalmente “anomalía del desarrollo”, o sea malformación. La displasia de cadera es una enfermedad osteoarticular del perro, con base genética hereditaria, pero no es congénita: los pacientes afectados nacen con caderas normales, que luego se vuelven inestables dentro de las primeras semanas de vida, a causa de la laxitud que adquieren los tejidos blandos que estabilizan las caderas: ligamentos y cápsula articular. La consecuencia de esta laxitud es que la cabeza femoral que normalmente encaja perfectamente con el acetábulo de la pelvis, deja de hacerlo presentando cierta holgura, lo que llamamos “incongruencia articular”. La “pelota” queda aplastada y deformada y el acetábulo se vuelve plano. Todos los perros que presentan displasia de cadera están condenados a tener artrosis, también conocida como “patología articular degenerativa crónica”. Por lo general la displasia de cadera es bilateral aunque tanto el aspecto radiográfico como la presentación clínica pueden variar de forma marcada entre un lado y el otro en el mismo paciente.

¿Cuál es la causa de la displasia de cadera?

La causa es principalmente genética, sin embargo factores ambientales y alimentares pueden determinar el momento y la gravedad de la presentación de los síntomas en animales predispuestos. Las más recientes investigaciones han individuados más de 100 genes en el ADN canino potencialmente responsables de la aparición de la anomalía. Por esta razón la transmisión de la enfermedad no es directa (padre-hijo): el hecho de que los padres sean libres de displasia no quiere decir que los cachorros también lo sean ni mucho menos. Hay mucho malentendido al respecto, también entre los mismos criadores que pretenden vender cachorros “libres de displasia”, cuando es prácticamente imposible saberlo con certeza.

Se ha sospechado durante años que un ejercicio excesivo durante el crecimiento pudiese conducir a la aparición de la displasia, y sin embargo esta tesis no ha podido ser demostrada por ningún estudio científico: el ejercicio puede influenciar la manifestación de la displasia, pero su presencia está  relacionada con factores puramente genéticos y hereditarios.

La displasia de cadera es sin duda la condición ortopédica más común en los perros de raza grande y gigante, aunque cada vez más se está diagnosticando en otras razas de talla media y pequeña. Los signos clínicos suelen aparecer entre los 6 y los 12 meses de edad, pero hay mucha variabilidad al respecto.

Una exploración ortopédica realizada por un veterinario especialista puede detectar signos de displasia de forma precoz en el animal sintomático, sin embargo la mejor estrategia es diagnosticar la displasia antes de la aparición de los síntomas, y esto es posible solo realizando una radiografía “preventiva”, con 4 meses de edad.

Cuales son los signos clínicos más comunes de displasia de cadera?

Los signos clínicos son muy variables, incluyen rigidez y alteraciones de la marcha, intolerancia al ejercicio, dificultad para levantarse o acostarse, problemas al subir escaleras, cojeras en una o ambas patas traseras.

¿Porqué duele?

Inicialmente el dolor es provocado por la distensión continua de los tejidos blandos (ligamentos y cápsula) y después por la aparición de micro-lesiones en el cartílago y en el hueso subyacente, causadas por el constante “choque” entre la cabeza femoral y los bordes del acetábulo. Cuando el desgaste de las superficies articulares avanza, el dolor es producido por una enfermedad “global” y degenerativa de la articulación: la artrosis. Despiadada e irreversible.

¿Como se diagnostica?

La displasia de cadera es diagnosticada gracias a la valoración conjunta de un veterinario “de atención primaria” y de un veterinario especialista traumatólogo. Los dos deben colaborar para llevar a cabo un plan sistemático de prevención de displasia (tanto de cadera como de codo), realizando de forma rutinaria radiografías de control en cachorros de raza predispuesta a los 4 meses de edad. Esto permite la detección precoz de la enfermedad, antes de la aparición de los síntomas y de los cambios articulares degenerativos, permitiendo la realización de cirugía preventiva. Lamentablemente no siempre esta rutina profiláctica es llevada a cabo de forma rigurosa por el veterinario (y a veces es rechazada por el propietario), y a menudo el propietario acude al veterinario porqué ha observado uno de los síntomas descritos, o todos ellos. Cuando un veterinario sospeche la presencia de dolor en las caderas, debería realizar inmediatamente radiografías de estas y enviarlas al veterinario especialista traumatólogo para su exhaustiva valoración, o remitir el paciente directamente al especialista para su valoración clínica preliminar y para la obtención de radiografías en las mejores condiciones y utilizando técnicas radiográficas específicas. Por lo general la displasia de cadera produce cambios radiográficos fácilmente reconocibles, y sin embargo en algunos casos los signos radiográficos pueden ser muy sutiles y de difícil detección.

El equipo médico de OrthoVet realiza siempre una exploración ortopédica completa y exhaustiva del paciente, seguida por radiografías de alta calidad realizadas en sedación profunda para una mejor colocación del paciente y para evitar estrés y dolor innecesarios. También se realiza de forma rutinaria el “test de Ortolani”, un valioso test clínico para valorar el grado de laxitud de las caderas.

Tras la realización de las radiografías y el examen clínico el especialista podrá recomendar el mejor tratamiento para cada caso, y preparar un informe detallado para el veterinario y para el propietario.

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Displasia de cadera grave

“El mejor tratamiento es la prevención”.

¿Se puede hacer algo para evitar que un cachorro tenga displasia de cadera? Tratándose de una enfermedad hereditaria, no existe un tratamiento preventivo como tal. Sin embargo existen algunas formas de alterar quirúrgicamente el curso de la naturaleza modificando en el cachorro en crecimiento la forma de la pelvis, para ofrecer una mejor cobertura acetabular a la cabeza del fémur, limitando por lo tanto los “choques” de esta con en acetábulo y limitando el empeoramiento progresivo de la laxitud de los tejidos blandos.

Aún así esta forma de prevención no es valida para todos los casos, y cada caso debe ser atentamente valorado por el especialista teniendo en cuenta una gran variedad de factores.

Lamentablemente en la mayoría de los casos la displasia de cadera es diagnosticada cuando los síntomas son ya evidentes, y es demasiado tarde para hacer prevención. De allí que sea extremadamente importante tener un diagnóstico precoz, realizando el control radiográfico antes de los 4 meses de edad (junto al control de displasia de codo, sobre la cual hablaremos en otro artículo).

El tratamiento no quirúrgico de la displasia de cadera

Es recomendable para todos aquellos perros adultos que son diagnosticados de displasia de cadera de forma accidental, sin presentar síntomas, y para aquellos que presentan solo signos clínicos moderados, intermitentes y más bien relacionados con el ejercicio, aunque en estos pacientes el tratamiento conservador suele ser una solución solo a corto plazo: tarde o temprano los síntomas se hacen más graves y el tratamiento conservador se queda corto.

Los pilares del tratamiento no quirúrgico son la gestión de peso corporal, la fisioterapia, la modificación de tipo e intensidad del ejercicio, los medicamentos (analgésicos e antiinflamatorios, condroprotectores) y la administración de dietas específicas que facilitan mucho esta ultima tarea. La mayoría de los perros con síntomas leves e intermitentes responde positivamente, aunque sea solo a corto plazo.

El equipo médico de OrthoVet asesora y guía los propietarios a través de un plan completo de fisioterapia y gestión del paciente, gracias a la colaboración con veterinarios expertos en rehabilitación, hidroterapia, terapia con láser, acupuntura, nutrición…

Tratamientos quirúrgicos

A lo largo de los años se han descrito docenas de tratamientos quirúrgicos para la displasia de cadera, con el objetivo de estabilizar las articulaciones coxofemorales cambiando la forma de la pelvis, la forma del acetábulo, la forma del fémur, la musculatura asociada… y finalmente la aplicación de prótesis para sustituir la articulación dañada con componentes metálicos, así como se hace en medicina humana desde hace muchísimo tiempo y con excelentes resultados. A pesar de que todas la técnicas tengan su lógica, por lo menos conceptualmente, solo unas pocas han sido estudiadas estadísticamente y exhaustivamente para demostrar su efectividad, y en la actualidad la gran mayoría de ellas ha ido desapareciendo de los quirófanos.

Para valorar una técnica quirúrgica hay que tener en cuenta muchos factores: entre otros, la efectividad de la técnica y su pronóstico (¿Demostrados? ¿Demostrables?), la agresividad de la técnica para el paciente (¿y para el propietario?), el precio de la técnica, el tipo y frecuencia de las complicaciones…

El equipo médico de OrthoVet recomienda exclusivamente técnicas que tengan una buena relación agresividad-efectividad-precio y con un margen de riesgo aceptable. No nos gusta experimentar si el riesgo es alto. Y el precio siempre lo pagan el paciente y el propietario.

Entre las técnicas preventivas o “profilácticas”, recomendamos la sinfisiodesis púbica.

Sinfisiodesis púbica juvenil (JPS)

Esta cirugía consiste en producir el cierre prematuro de la linea de crecimiento de la sínfisis púbica, o sea del “suelo” del canal pélvico, produciendo como consecuencia una abertura o lateralización de la parte dorsal, del “techo” de la pelvis, gracias al crecimiento normal y fisiológico de esta. El cierre de la línea de crecimiento se obtiene por electrocauterización, sin sangrado, sin implantes. El resultado es una rotación externa, lateralización y horizontalización de los acetábulos, que ofrecen una mejor cobertura a la cabeza femoral y por lo tanto una mayor estabilidad a la articulación. La técnica es muy poco invasiva, rápida, sin sangrado, y por lo tanto relativamente poco cara. Las complicaciones son muy raras y poco graves. El postoperatorio es llevadero para el paciente con dolor mínimo y muy sencillo para el propietario, con un manejo fácil del paciente en cuanto no es necesario respetar reposo absoluto (siempre complicado de conseguir en un cachorro). Cuanto más joven el paciente al momento de realizar la técnica, más marcado es el deseado cambio en la anatomía de la pelvis: se recomienda realizarla entre los 4 y los 5 meses de edad, y cuanto antes mejor. Imprescindible obtener un diagnóstico precoz, realizando radiografías preventivas antes de los 4 meses de edad, junto a las radiografías preventivas para displasia de codo, sobre las cuales hablaremos.

Reservamos esta técnicas a los pacientes que tengan una inestabilidad articular de leve a moderada, valorada con la exploración clínica y con radiografías. No está indicada en caso de inestabilidad grave.

Osteotomía pélvica triple (TPO)

A pesar de tener el mismo rationale que la sinfisiodesis púbica, o sea el mismo objetivo del punto de vista anatómico, se trata de una técnica extremadamente agresiva para el paciente (hay que cortar la pelvis en tres puntos), bastante más cara, con aplicación de un gran número de implantes (placas, tornillos, cerclajes), con complicaciones a veces muy desagradables. Tratándose al fin y al cabo de otra técnica profiláctica, consideramos que el balance agresividad-riesgo-precio-beneficio no sea aceptable, y sin poner en duda su validez sobre el papel, simplemente no la recomendamos.

La prótesis total de cadera (THR)

Reina absoluta en medicina humana y cada vez más en veterinaria, la técnica consiste en sustituir tanto la cabeza femoral como el acetábulo con implantes metálicos que hagan la misma función de la cadera natural, pero sin inestabilidad y sobre todo sin dolor.

Es una técnica avanzada muy compleja que solo debe ser realizada por cirujanos experimentados, sin embargo en buenas manos tiene excelentes resultados clínicos, con una vuelta precoz y completa a una actividad física normal, y con un porcentaje de éxito estadísticamente superior al 90%.

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Prótesis total de cadera
Artroplastia o exéresis de la cabeza femoral 

Se trata de una técnica de rescate, reservada exclusivamente para aquellos pacientes que por razones económicas o por complicaciones clínicas no pueden someterse al implante de una prótesis total. Consiste sencillamente en la remoción de la cabeza y cuello femorales: anulando el contacto entre el fémur y la pelvis se anula el dolor provocado por la displasia, sin embargo la función no puede ser óptima. Los resultados son generalmente buenos o muy buenos en gatos y perros de raza pequeña, pero son imprevisibles en razas grandes. Quitada la articulación coxofemoral, es la musculatura la que se encarga de sujetar el fémur y transferir el peso del animal desde la extremidad posterior hacía la pelvis: una buena fisioterapia que fortalezca la musculatura es imprescindible para tener buenos resultados.

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Artroplastia (exéresis de la cabeza femoral)

Un resumen: el protocolo diagnóstico y terapéutico

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